(Tít. original alemán: Das Leben der Anderen)
La gente no cambia, dice uno de los personajes (el ministro) al comienzo del filme. Sin embargo, esta película demuestra justo lo contrario: que la gente es capaz de cambiar, de escuchar y seguir la voz de su conciencia, de arrepentirse y dar marcha atrás, de iluminar una existencia gris y opaca (propia de la República Democrática Alemana en 1984) con un gesto inesperado y heroico.
Hasta el capitán de la Stasi Gerd Wiesler (Ulrich Mühe), frío autómata amante del deber por el deber y de la rutina, es capaz de conmoverse, superar su abulia crónica y reaccionar frente a la injusticia (perpetrada por un sistema, pero también por quien con su actuación mantiene en vida dicho sistema). Digno de subrayar que su reacción se produzca en parte gracias a la belleza de una obra de arte (la Sonata de los hombres buenos).
Película sobre “las horas de las amargas verdades”, y al mismo tiempo bellísimo testimonio de humanidad que nos recuerda que el hombre, a pesar de los pesares, sigue siendo hombre: capaz del mal, pero también del bien, por extremas que sean las circunstancia y por arraigados que resulten algunos de sus inhumanos hábitos. Oscar a la mejor película de habla no inglesa.